Sin duda, son movimientos personales que atañen no solo al bienestar psicofísico individual sino también a las actitudes y respuestas ante la propia realidad, y ello, en sí mismo, revierte en su medio, en su familia, en su comunidad, en su cotidianeidad y al fin, en su cultura. ¿cómo se evalúa la adaptación de las prácticas y las técnicas que el Yoga propone a los cambios culturales, a las nuevas sociedades e incluso al desarrollo de una ética y una moral postmoderna? ¿Se puede alentar una formación de Yoga estableciendo pautas que no puedan renovarse o que no puedan revisarse para considerar su efectividad y su buen hacer en el ser humano, en el mundo? ¿Cómo implementar en la preparación de un profesor de Yoga los avances en la comprensión de la biomecánica, los descubrimientos que plantea la neurociencia o la física cuántica, e incluso las nuevas interpretaciones sobre la historia y la filosofía del Yoga? ¿Qué nuevas necesidades tiene el ser humano del siglo XXI, la nueva sociedad?

Algunas de estas profundas consideraciones han llevado a la Yoga Alliance, la organización de Yoga más importante del mundo, a acometer un cambio sin precedentes. No solo el núcleo central de trabajo ha partido del Grupo de Expertos del que he formado parte, sino que se han llevado a cabo miles de encuestas entre practicantes, profesores, estudiantes, empresarios y personas de todos los ámbitos socioeconómicos cercanos o directamente relacionados al mundo del Yoga. Se han tomado en consideración recomendaciones provenientes de todos los ámbitos y se han recogido planteamientos de muy alto nivel sobre cuestiones jamás miradas en el Yoga con tanta claridad, contundencia y, al mismo tiempo, con tanto respeto.

 
Personalmente, este Proyecto de Revisión que ha impulsado Yoga Alliance ha supuesto para mi y para la Escuela Internacional de Yoga un momento de gran reflexión. También hemos sentido a la comunidad del Yoga más unida que nunca en su diversidad, en su impulso común de crear lo correcto poniendo en marcha un proyecto abierto, inclusivo y transparente de cambio.
 
Pero en este viaje, también he sido gratamente sorprendida y muy alentada a cuestionarme las conductas éticas de los-as profesores-as de Yoga. En verdad, el peso sustancial de esta gran revisión de los estándares de la Enseñanza del Yoga ha estado basado en la renovación de las pautas y recursos para garantizar el más alto grado de integridad en relación al llamado CONSENTIMIENTO y para “facilitar la preparación de los-as futuros-as instructores-as de Yoga para elevar la seguridad, la inclusión, la diversidad, la accesibilidad, la sensibilidad y desde luego, la ética”. ¿Dónde estamos en este sentido?
 
¿Cómo podemos honrar las propuestas tan diferentes de las escuelas, los ashrams, los centros, los linajes, los estilos, los enfoques, las filosofías, las prácticas, los gurús y los colectivos de Yoga sin tener que transigir o aceptar, como hasta ahora, determinadas formas de agresión, faltas de respeto, molestias, invasiones o desmedidas violaciones del ámbito personal, físico, energético y psicológico? ¿Estamos preparados para un nuevo comportamiento?¿Podemos hacer algo para propiciar una ética yóguica que no solo atienda a las interpretaciones tradicionales, y básicamente patriarcales, de los Yamas y Niyamas, sino que pueda convertirse en el epicentro de un nuevo paradigma ético, humano, social y espiritual?
 
Sin duda, el movimiento #METOO ha llegado al mundo del Yoga.
 
Es un cambio social que está incluso generando un cambio en las leyes de nuestro país, aunque sea con retraso. En EEUU, se habla prácticamente de una revolución desde hace varios años, y desde luego la Yoga Alliance ha impulsado y está respaldando una toma de conciencia real y efectiva para la enseñanza del Yoga en este sentido. Aplausos efusivos por ello y por tratarse de una iniciativa sin precedentes en la historia del Yoga poniendo los puntos y comas sobre un tema tan controvertido como desafiante y oportuno.
 
Yoga Alliance, ha creado incluso unas chapas (sí, una chapa. “assist chips”) para que el practicante de Yoga se responsabilice también del cuidado de su espacio personal e individual poniendo un claro stop a las manos del profesor-a. Se trata de una chapa que o bien advierte al profesor-a de no acercarse ni tocar durante la práctica, o bien le autoriza a llevar a cabo los ajustes que proceden en una postura. Y sí, toda esta revolución va a afectar a los Ajustes en las posturas, al lenguaje del profesor-a, a la manera en la que el profesor-a utiliza las herramientas del Yoga. El contacto físico va a pasar a poder considerarse intrusivo, incómodo y/o peligroso según y cómo para muchos y muchas.
 
Es así, también en el mundo del Yoga hemos asistido a numerosas denuncias sobre abusos de todo tipo, incluidos los sexuales y los de poder. Se pueden consultar en Internet con el riesgo de quedar perplejos y abrumados, no solo por la cantidad de relatos, sino por el consentimiento y el silencio que durante décadas (seguramente siglos) se ha mantenido en relación a escuelas, gurús famosos y maestros de referencia para miles de practicantes de Yoga. Nunca ha habido ningún espacio para la denuncia y muchos ambientes han destacado por la sospecha y el gesto tácito de mirar hacia otro lado. Pero no es solo la gran escala la que debe preocuparnos. Es el ámbito personal, el pequeño. Como profesores y formadores de Yoga, debe preocuparnos cómo nos relacionamos con los alumnos y cómo se establecen los límites que dibujan el respeto profundo a sus cuerpos, a su energía y a sus preocupaciones o problemas. Yo misma he vivido muchas situaciones incómodas a lo largo de mis más de 25 años en el mundo del Yoga; situaciones a veces desgarradoras, estructuras interesadas, corruptas, mucho machismo, abusos sexuales y mucha gente dañada y engañada, con traumas reales propiciados por algún profesor-a de Yoga. Metoo.
 
Ha llegado la hora de responder a la necesidad de que el instructor-a, el maestro-a de Yoga pueda comprender cómo servir con sensibilidad al contacto físico o al contacto psíquico. Pertenecemos a una cultura, la hispana, en la que tocar es parte de las relaciones interpersonales sanas y empáticas. Yo diría que es incluso parte de nuestra identidad. Es magnífico. Pero quizás sea una de las razones por las que no llegamos a escandalizarnos tanto y tan frecuentemente sobre determinadas formas de “tocar” a un alumno. Algo está cambiando para nosotros y hoy más que nunca, los profesores-as de Yoga debemos atender al consentimiento directo de los alumnos. No sé si con chapas o sin ellas. Seguramente es lo menos importante. Lo cierto es que algo que hasta ahora generaba confusión, va a ser estudiado y va a formar parte de los estándares mínimos de la formación de un-a instructor-a de Yoga junto a otro tipo de avances menos revolucionarios pero sí necesarios en otras áreas. En nuestra escuela ya estamos hablando de todo ello y valorando cambios sustanciales para abordar la ética del profesor-a de Yoga con conciencia.

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